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Blog Epia

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¿Cómo nace Epia?

Actualizado: 16 may 2020

Epia surge de la pasión por el conocimiento y la salud.


Para contarte cómo surge Epia, te ofreceremos una perspectiva más bien general y luego algo más personal en palabras de sus fundadores.


 

Una perspectiva general


Epia surge de dos amigos que comparten una pasión por el conocimiento y la salud, desde diferentes circunstancias y perspectivas, pero con un objetivo común: encontrar las más efectivas respuestas disponibles en torno a la conexión entre estos dos grandes temas. Esta sinergia comenzó a funcionar como un apoyo y enriquecimiento recíproco en cuanto a reflexión y aprendizaje. Diseñando estrategias compartidas y adaptadas a las necesidades de cada uno, siempre con amplias sesiones de lectura y discusión detrás, en las que se aterrizaban los datos y conclusiones provenientes de diversas fuentes de estudios y divulgación científica. La efectividad en cuanto al impacto general en la salud y en condiciones médicas pre-existentes (en todo momento con supervisión médica), aunado al conocimiento y experiencia acuñados en el proceso, produjeron el deseo de hacer extensivo el beneficio, para apoyar en la recuperación y preservación de la salud y el bienestar a más personas.


 

Fernando Jul

Mi pasión por el conocimiento surge de muy pequeño, mi padre estimuló mi curiosidad como si fuera un músculo. Cada vez que yo llegaba con una de esas típicas preguntas de la niñez, nos sumergíamos en conjunto a buscar la respuesta en un enorme diccionario enciclopédico, de esos que ya no se ven. Ahí encontrábamos no solo múltiples significados para una misma palabra, sinónimos y antónimos, sino que también referencias históricas y etimológicas. Este simple hábito me enseñó a muy temprana edad, que las preguntas, por difíciles que sean, siempre tienen una respuesta (aunque ésta sea, "aún no lo sabemos, pero lo que sí sabemos es..."). Y algo muy importante, estas respuestas tienen un origen y una razón de ser. En cuanto a mi relación a la salud, ésta sería larga de explicar, pero para estos efectos bastará con decir que por experiencias de vida muy cercanas, ha sido un tema que me cautiva desde muy pequeño. Así, por años he indagado, estudiado y experimentado en esta conexión entre conocimiento y salud, de forma más bien autodidacta. Movido por la pasión y la necesidad de encontrar mejores respuestas. En un principio me concentré en estudios sobre psicología y psicoterapia, pues me parecían el meollo del asunto. Luego de años en ello, me fui moviendo hacia la biología misma, y todas sus derivadas. Después de este proceso de años, hoy vengo a entender, recién luego de adentrarme con mayor profundidad en la literatura científica en torno al tema, que buena parte de los tratamientos médicos convencionales, en cuanto a enfermedades crónico-degenerativas, se basan en una premisa común: "No conocemos la causa, o bien no es posible atenderla, por tanto nos enfocamos en atender la sintomatología y sus colateralidades más relevantes". Vale decir, centrarse en los efectos que estas enfermedades provocan, mas no en las causas que las originan. Esto generó una primera gran anagnórisis en mí (un entendimiento crucial). Esta sin duda puede ser una razón más que válida en muchos casos. Pero la lógica me obliga a pensar que no puede ser un enfoque permanente, no al menos para la mayoría de los casos. Menos durante tantas décadas y habiendo tantísima población mal afectada al respecto. No es razonable existiendo el avance tecnológico y científico que hay, y siendo éste de un desarrollo tan acelerado. Pues bien, originalmente tendí a creer que eran preguntas muy difíciles de responder, y que por eso la ciencia no lo hacía. Sin embargo, cuando comencé a sumergirme a fondo en el mundo de la literatura científica, me encontré con una enorme cantidad de evidencia en la dirección contraria a esta "premisa fundamental". Alguna de ella muy antigua, alguna avalada por premios Nobel de Medicina y Fisiología. Esto quiere decir que no hablamos ni de pseudo ciencia ni de disparates experimentales de algún "científico loco", hablamos de disidencia científica, mucha de ella muy sólidamente fundada. Entonces me pregunté, ¿pero qué pasa con todos estos estudios y evidencia, muchos de ellos concordantes entre sí, que nos indican que el supuesto misterio a la base de muchas de las enfermedades crónico-degenerativas no es tal?, ¿qué pasa allí?. Bueno, no es el objetivo de Epia dar respuesta a esta pregunta, sino recopilar toda aquella evidencia, la más segura, concordante y que otorgue las mayores garantías, para transformarla en recomendaciones sencillas, simples de seguir, que permitan a cualquier persona que se lo proponga con convicción, llevarlas a cabo. Entretanto conocí a Emmanuel Larios, médico de profesión. Un compinche intelectual, con el cual compartimos estas dos grandes pasiones: la salud y el conocimiento. Pues bien, resulta que a Emmanuel le diagnosticaron en 2010 una grave enfermedad. Una de estas mal catalogadas como "crónico-degenerativas". Glomuroloesclerosis Focal y Segmentaria por IgA/IgG, una enfermedad autoinmune que daña progresivamente los riñones, llegando a disfuncionalizarlos por completo. Cabe señalar, que la medicina no dispone al día de hoy un tratamiento "oficial" que la detenga o revierta, simplemente se enfoca en "contener" síntomas y efectos colaterales, que en este caso no son ni pocos ni poco relevantes. Podrán imaginar a este punto lo que siguió. Efectivamente, luego de intensísimos debates, donde me vi exigido de aprender y estudiar aún más a fondo, para tener base suficiente como para contraargumentar a un médico, Emmanuel tomó la decisión de iniciar un protocolo Epia (que a ese momento por supuesto no lo llamábamos así). Todo esto en paralelo a su tratamiento médico convencional, y atentamente supervisado por su médico de cabecera y su propio criterio médico. Resumiendo, tras 90 días nos encontramos con la Remisión Clínica de su patología. Sí, 90 días, luego de 9 años de tratamiento "oficial" donde la enfermedad no hizo otra cosa que avanzar, y deteriorar con ella otros sub-sistemas de su cuerpo y cómo no, atentar severamente contra su calidad y experiencia de vida. Dichosamente, hoy su realidad es muy distinta y ha mejorado a niveles solo imaginables por quien ha lidiado con una enfermedad de este calibre en primera persona, o muy de cerca. En fin, no vayas a imaginar, que basados en esta única experiencia hemos decidimos arrancar con Epia. Para nada. Muchísimos casos son reportados alrededor del mundo, algunos de forma debidamente documentada y otros no. Hay centros de salud donde se practica esto de manera oficial, y muchas personas comunes, estudiantes, médicos y científicos están divulgando, investigando y aplicando con éxito. En nuestro sitio web y redes sociales podrás encontrar más información al respecto. Por supuesto, además de toda esta evidencia, está mi experiencia en primera persona, superando "males menores" como una severa alergia asmática, fatiga "crónica", ansiedad alimentaria, entre otros beneficios que podrás revisar en la sección "Casos", donde iremos compilamos nuestras experiencias. Confiado en la vasta información concordante, la propia experiencia y en la bioLÓGICA que sustenta todo esto. no fue sino hasta la experiencia con Emmanuel, que me convencí de expandir esto para hacerlo extensivo a la mayor cantidad de personas posibles. Entonces le dije: "Emmanuel, tú tienes que ser parte de esto". La respuesta fue un entusiasta "SÍ". Así fue como juntos nos hemos inmerso en esta aventura, que pretendemos sacar adelante al ritmo que nuestros tiempos lo permitan y el entorno la bien acoja. Cabe señalar que su presencia es fundamental pues, la perspectiva médica es clave. No renegamos en absoluto de ella, todo lo contrario, creemos que son perfectamente complementarias y que pueden hacer una muy efectiva sinergia.


 

Emmanuel Larios


Veamos. Hay que hacer esto breve, porque si no me contengo se extiende en demasía. Para ponernos en contexto, nací en un pueblo muy pequeño de un municipio anónimo de México, no más de 150 familias distribuidas en apenas 6 calles interconectadas. A ambos lados de mi genealogía hay familias numerosas y con poco aprecio por la educación, mientras que la mía con sólo 2 hijos y mis padres luchando por dar una carrera a ambos.

Salí de casa a los 15 años para cumplir mi meta de ser médico y 10 años después, titulado y tras 1 año de ejercicio me enfrenté a la realidad como un muro, el ejercicio médico actual dista mucho de lo que yo buscaba, la consulta médica no llenaba mis expectativas y tenía muy claras las razones. El sistema de salud y toda su burocracia se enfoca en números y deja la atención como tal en segundo plano, los tiempos que se disponen son ridículos y muchas veces insultantes; así mismo quizá en gran medida consecuencia de esta mecanización e industrialización de la medicina, el desinterés de muchos pacientes y el poco apego mostrado hacia el tratamiento integral de su patología y la prevención de las mismas. Desanimado, pero aún con ganas de seguir mi vocación, evitando en la mayor medida posible la frustración, decidí apuntar a la especialización en Imagenología y su encanto tecnológico, los ermitaños y muchas veces anónimos, con un resultado muy placentero tras 4 años. Ya habrá tiempo en blogs de entrar en detalles.

En el ínter, más precisamente en noviembre de 2010, cursando mi internado médico de pregrado, presenté una crisis hipertensiva con cifras de 170/130mmHg que no era más que la punta del iceberg llamado glomeruloesclerosis focal y segmentaria por IgG/IgA con hipertensión arterial sistémica secundaria. Básicamente mi sistema inmune atacando y deteriorando progresivamente mis riñones con todas sus consecuencias, el pronóstico a 10 años fue terapia de sustitución con diálisis y mientras tanto inmunosupresión y atención de las complicaciones junto con medidas higiénico-dietéticas. Para ser sinceros y pese a mi formación, el apego al tratamiento dio mucho que desear por varios años, la depresión no ayudó en absoluto. Pero la vida sigue y hace 4 años decidí tomar enteramente las riendas de mi situación y seguí horarios, dieta, cuidados y demás con buenos resultados. La remisión clínica era mi objetivo, ese estado en el que sabiendo que no ha desaparecido tu enfermedad, sí has logrado llegar a parámetros cercanos a la normalidad. Lo conseguí un par de veces, sin cifras espectaculares.

Acá es donde aparece Fernando Jul. Nos conocimos en un videojuego online donde compartimos alianza y nos tocó forjar amistad. Tras abandonar la plataforma mantuvimos contacto por redes sociales y un buen día tocamos el tema de la salud y alimentación a niveles personales, comparando nuestras situaciones, experiencias y conocimientos. Muchas discusiones se suscitaron a partir de su investigación y mi formación académica, algunas muy acaloradas, pero a final de cuentas despertó mi curiosidad y bajo la tutela de mi médico de cabecera y mi propio juicio decidí poner en práctica las recomendaciones que me iba mencionando de manera cautelosa, nunca sin analizar evidencia científica al respecto ni dejar el tratamiento médico que ya seguía. Los resultados empezaron a ser evidentes, realizamos controles de laboratorio e iniciamos disminución progresiva de los medicamentos con una respuesta contundente tras 90 días: remisión clínica con parámetros de laboratorio dentro de la normalidad para un individuo sano, entre otros beneficios que sin duda son importantes y se agradecen infinitamente, pero es obvio el impacto personal de todo esto.

Ese fue el punto de quiebre donde decidí investigar más a fondo las bases bioquímicas y mejorar mi apego. Para este momento Fernando me propuso incluirme en Epia y no pude evitar un “Sí” automático a integrarme en esta aventura, en la que decidimos depurar los cambios realizados y afianzamos la importancia del trabajo conjunto con el médico, toda vez que el actuar de uno impacta en el otro en una sinergia enfocada al mismo objetivo: la salud.

Epia conjunta estrategias que han demostrado efectividad con sustento científico, no es una moda, no es la panacea ni un milagro, es conocimiento aplicado a la individualidad en pro del bienestar integral, donde reconocemos la importancia de la renovación constante y el trabajo colaborativo. Porque la salud es más que la ausencia de enfermedad, es el estado de funcionamiento óptimo de un ser vivo en los aspectos físico, mental y emocional.

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